Bendito escultor que supo darle vida a las piedras
como un dios del Edén que construyó en Sevilla
el paraíso de los amores, los sentidos y las letras.
Sentarme allí es la meta que muchas veces busco
bajo la sombra paternal del ciprés de los pantanos.
Me miráis con la mirada de piedra blanca
que tiene la calor interna del verso hecho vida
y siento como recorréis mi piel asombrada
por vivir lo que creía clavado en los libros.
Me siento y siento el amor de las cuatro facetas:
el ilusionado, el poseído y el perdido y más allá
casi cadáver, a voz en grito en el abonado suelo
las huellas cómplices del amor herido.
Pero no quiero estar sólo en ese rincón delicioso,
me gusta llevarme a mi amante, abrazarle
sentando en el banco fresco al aire sevillano
mirarle a sus ojos, y decirle cuánto le quiero
no con mis torpes y burdas palabras,
no con mis sesgos de aprendiz de poeta...
le tomo prestadas las palabras al rey del monumento
a quien vuela sobre los amores y las letras
le digo que le quiero, cuánto te quiero
y extiendo mi mano porque en ese instante
sé que de nuevo se hará la magia y...
volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar...

las golondrinas, las grullas, las bandurrias y hasta las gaviotas
ResponderEliminartodos los pajaritos vuelven
como volvemos nosotros
somos resaca de vida
abracitos