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Nadie me escucha
es tu lamento silente
ante la noche grande.
Nadie me escucha.
El abandono de la vida.
El Dios oculto que no aparece.
La puerta negra delante tuya.
Y no hay nadie.
Nadie te escucha.
Sólo mi mano
que siente tu miedo.
Tu miedo que es el mío.
Nadie me escucha.
Nadie te escucha.
Es el lamento de Viernes Santo
que llega en la noche de febrero.
Dios mío, Dios mío
¿por qué me has abandonado?
Es el grito que queda
cuando la oscuridad comienza.
Tu cuerpo ya no habla.
Sólo escucho tu voz
que tengo dentro.
Nadie te escuchó.
Sólo mi mano
que sintió tu miedo
y con él se quedó.
(*) Nene, nadie me escucha fue una de las últimas frases que mi hermana me dijo antes de morir.



