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domingo, 23 de octubre de 2016

A Federico, en el 80 aniversario de su asesinato.





O asesinado.

Siendo la ciudad perfecta,
siempre te veo la sombra
que la sonrisa me quita.
Siendo la ciudad perfecta,
siempre escucho el silencio
entre los pájaros de Bib-Rambla.
Siendo la ciudad perfecta,
el agua clara del Darro
se me enturbia cuando me pasa.

Ciego en Granada.
Te quitaron la posibilidad de ver
crecer los árboles en la montaña roja,
de ver permanecer en pie la Alhambra.

Ciego. Te quitaron la vista
porque te quitaron la vida.

Mudo. Te quitaron la voz
porque te quitaron la vida.

¿Y tus manos?
¿Y tus manos, Federico?
¿Qué hubieran escrito tus manos?
Si hubieras podido seguir viendo.
Si hubieras podido seguir oyendo.
Si hubieras podido seguir viviendo.

¡Cuánto he perdido yo,
cuánto ha perdido el mundo
y cuánto ha perdido Granada!


lunes, 19 de octubre de 2015

Gustavo Adolfo Bécquer



Bendito escultor que supo darle vida a las piedras
como un dios del Edén que construyó en Sevilla
el paraíso de los amores, los sentidos y las letras.
Sentarme allí es la meta que muchas veces busco
bajo la sombra paternal del ciprés de los pantanos.
Me miráis con la mirada de piedra blanca
que tiene la calor interna del verso hecho vida
y siento como recorréis mi piel asombrada
por vivir lo que creía clavado en los libros.
Me siento y siento el amor de las cuatro facetas:
el ilusionado, el poseído y el perdido y más allá
casi cadáver, a voz en grito en el abonado suelo
las huellas cómplices del amor herido.
Pero no quiero estar sólo en ese rincón delicioso,
me gusta llevarme a mi amante, abrazarle
sentando en el banco fresco al aire sevillano
mirarle a sus ojos, y decirle cuánto le quiero
no con mis torpes y burdas palabras,
no con mis sesgos de aprendiz de poeta...
le tomo prestadas las palabras al rey del monumento
a quien vuela sobre los amores y las letras
le digo que le quiero, cuánto te quiero
y extiendo mi mano porque en ese instante
sé que de nuevo se hará la magia y...

volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar...

Solo ante la bahía



Como en un espejo quietas las barcas
esperando que las lleven a los mares,
Sol que se pone, surgiendo pensares
en el interior poeta que te enmarca.

El rojo tiñe de tarde el azul de la bahía nuestra
¡Que me voy para América! grita la estrella,
rota la Tierra girando sin que esta vez ella
se encuentre besando a la mar maestra.

La ausencia del amor que ríe querido
aquieta los mares, surgen las penas
anochece antes, silente gemido.

Trae la luz de nuevo, tú estrella serrana
que el mar está ciego si no le salas
con tu saliva dulce de alma capitana.