Atada a la roca por mi madre,
envidiosa uve doble desalada,
que lágrimas de mis ojos arranca,
al monstruo marino sobre regadas.
¿Acaso quedará humedad en mi boca
para gritar al universo mi soledad inmensa?
Presa del pánico estoy amarrada
en la boca del Cetus para ser tragada.
Lanzo mis voces al viento del infinito,
cuerdas vocales las mías son liras,
no celestes, en el mar enganchadas,
espumas de mar arborotadas.
El aire se mueve a golpes de alas,
galopes sonoros en nubes resuenan,
flamenco del aire que alivia mi pena,
caballo alado que a mi lado se posa.
Pegaso. Perseo. Mi vida ganada.
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